Senderismo. Ruta los tilos de Moya. Isla de Gran Canaria


Teníamos interés en patear la Reserva de los Tilos en Moya, pero nos encontramos con que
los senderos señalados y permitidos son muy pequeños. Aún así decidimos hacerlos por lo maravilloso que es la zona más verde y boscosa de la Isla de Gran Canaria.La fuerte presión
humana, provocó que en el año 1980 las instituciones públicas decidieron cerrar Los Tilos de Moya. Las autoridades tomaron una medida drástica, sin parangón en Gran Canaria. Se pusieron los elementos necesarios para la recuperación de todo el ecosistema.


Los Tilos de Moya representan el relicto de laurisilva más importante de la isla, testigo de la
denominada Selva de Doramas, que hace 500 años se extendía por toda la cara norte de la isla. Se trata de la representación más amplia y rica de los fragmentos del monteverde insular. Hoy en día, la superficie arbolada apenas alcanza las veinte hectáreas debido, principalmente,
a todos los procesos de degradación y sobreexplotación maderera de la zona. No obstante, por el camino propuesto podrá disfrutar de un variado recorrido que hará las delicias de toda la familia.

Este lugar está protegido por la Reserva Natural Especial, y se localiza en el municipio de Moya. Tiene una extensión de 91,5 hectáreas y ocupa el tramo bajo del barranco del Laurel.
Se trata de un cauce con laderas de fuerte pendiente y fondo estrecho, donde el bosque pervive entre los 475 y 700 metros de altitud. La especie más destacada de este paraje es el
til (Ocotea foetens), que da nombre a la reserva, pero existen otras muchas como el laurel, el barbusano, la faya, el palo blanco, el follao, el acebiño, la cresta de gallo, etc. Se calcula que alberga unas 35 especies de la flora más amenazada de Gran Canaria, que encuentran aquí
su espacio vital para desarrollarse, favorecidas, fundamentalmente, por una precipitación media de 510 mm.


Nos dirigimos al inicio del sendero en el Centro de interpretación, donde hay un parking.  La entrada del camino se encuentra flanqueada por muros de piedra seca con la apertura
necesaria para acceder al bosque. Nada más penetrar en él, a la sombra de los árboles, sentirá el frescor y la pureza del aire. A pocos metros encontrará las primeras barandillas y una rampa, a modo de puente, que sortea un canal de agua de hormigón.


En esta primera parte podrá ir leyendo los letreros amarillos que identifican a cada planta. Es
una zona de repoblación forestal, ya que en los últimos años se intenta recuperar diversas especies que fueron muy castigadas por la presión humana de antaño. Avanzando por el
camino llegará a un recodo donde existen unos tocones de madera, que le servirán de bancos donde poder descansar y disfrutar de la sombra que nos proporciona el bosque.

El sendero continúa flanqueado por unas cuerdas que le indican, en todo momento, por dónde
ha de seguir. En unos minutos desciende para aproximarse a la carretera de asfalto y, sin salir a ella, avanzar paralelamente a la misma, justo en el borde del bosque. No hay riesgo para los niños, ya que una barandilla de madera separa el camino de la carretera.

Solo tardaremos algunos minutos más en volver a vernos inmersos en la frondosidad verde, a la sombra de grandes árboles (tilos, barbusanos, laureles, granadillos...). Poco a poco nos
aproximaremos a las explanadas que antiguamente se usaban para las fiestas y los asaderos. Encontrará un letrero de madera con la indicación de “no pasar”. Los árboles que cubren esta zona son tilos y barbusanos, y, como tendrá oportunidad de comprobar, a su sombra se disfruta de mucha paz. El sol no penetra hasta allí, y la hojarasca cubre todo el suelo.


Tras pasar por unos escalones de piedra, continuamos nuestra marcha en dirección al final de este tramo. Saldremos junto a un peralillo (árbol del monteverde canario), una casa amarilla y la carretera de asfalto. Frente a la salida del camino, verá un cartel informativo de madera, que
contiene un mapa y los senderos de la zona, además de ofrecer al visitante alguna información histórica. También destaca la presencia de un eucalipto en el lugar.


Frente a la casa amarilla, y a la derecha del cartel informativo, una barandilla y unos escalones le señalan la continuidad de nuestra ruta. Después de salir de la carretera, el sendero
desciende y vadea el barranco del Laurel. Con posterioridad, asciende ligeramente hacia una
cantonera (que queda a su derecha) y una nueva barandilla de madera rústica. En estos momentos, está superando el punto más alto de la ruta, los 559 metros con respecto al nivel del mar.


A continuación, avanzaremos en línea recta hasta el paraje conocido como “la fuente”. Un lugar rodeado de bencomias y granadillos, donde podrá admirar un roble, y también un sauco
repoblado. A su derecha lo acompaña la fuente, con abundante agua fresca. Proseguimos la marcha en la misma dirección que traíamos. Unos escalones le permiten descender junto a una antigua cueva-alpendre, si bien, transcurridos apenas unos minutos, volverá a ganar altura. Camina ahora por una zona con amplias vistas panorámicas, donde unas barandillas
de madera protegen al senderista de posibles caídas. No obstante, no se trata de un lugar exento de riesgos: en tiempo de lluvia evite caminar por este sendero de “El Balcón”, ya que podrían producirse desprendimientos y caídas de rocas.


Desde la parte alta de este camino, se domina el bosque de Los Tilos. Las diversas
tonalidades del verde de los árboles más corpulentos se entremezclan con los blancos y amarillos de las pequeñas flores que se adivinan en el sotobosque. Veremos las ramas terminales puntisecas de los viejos tilos. Cabe señalar que la carencia de agua pone en peligro a estos fósiles vivientes de la laurisilva. Este tramo de camino finaliza en descenso,
dando varias vueltas y con una escalera con peldaños de madera. Tenga cuidado en esta parte, especialmente si el piso está húmedo, ya que podría resbalar.


Ahora vamos por el tramo del Camino de San Fernando un tramo de descenso. A la sombra
de viejos eucaliptos, el camino va perdiendo altura hasta unos escalones rocosos. En un punto determinado veremos que atraviesa el antiguo canal de agua y llega al asfalto, muy cerca del aparcamiento y el Centro de Interpretación donde iniciamos nuestra ruta. Es el último reducto de bosque de esta naturaleza en Gran Canaria.

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